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lunes, 25 de octubre de 2010

Adolfo Chuiman: cuarenta años de mil y un rostros en la pantalla y en las tablas

(El Comercio).-“Nunca en mi vida voy a hacer papeles cómicos”, pensaba un jovencísimo Adolfo Chuiman, apenas pasados los 20 años, cuando realizaba sus estudios de arte dramático. Los ‘sketchs’ para reír ni se le cruzaban por la mente. Sus mil oficios solo debían ser mil personajes teatrales.
Hoy, cuarenta años después, es ampliamente reconocido como un actor de fuste, pícaro, ocurrente, carismático y gracioso. “La televisión me absorbió”, reconoce. No hay drama en eso: el público se lo agradece.
El popular ‘Papá’, ‘Taxista Ra Rá’ (así le gritan aún en la calle), ‘El rey del recurseo’ y hoy ‘Peter’ recuerda estos y muchos otros personajes en los que se ha convertido a lo largo de su carrera. Pero aclara: “Adoro el teatro, quiero volver”.

El actor dramático a los 20’s
Chuiman no solo desconocía que la risa sería su gran arma profesional, sino que aún no se decidía a dar ese gran paso hacia las tablas. Mientras tanto, su vida la ocupaban las clases de sociología en la universidad Inca Garcilaso de la Vega.
Como él dice, “la vocación la tienes que desarrollar”. Sin que su familia lo supiera, empezó a frecuentar clases de actuación en San Marcos (aunque no era alumno). Solo duró dos años en la facultad. “Lo único que hice fue crear un grupo de teatro”, recuerda.
Se casó tempranísimo, a los 22 años, e ingresó al Teatro Universitario de San Marcos (TUSM) y luego al Instituto Nacional Superior de Arte Dramático (INSAC). El arte dramático era –aún lo es– el gran amor del actor. Es a fines de los sesenta, cuando tenía alrededor de 25 años, que empezó a interpretar sus primeros roles.
Los grandes compañeros de Chuiman por ese entonces eran Pirandello, García Lorca y Priestley, entre otros. “Adoro el teatro”, recuerda con nostalgia. Las temporadas de sus obras duraban entre 6 y 9 meses. El personaje que más evoca con orgullo fue el de un loco diabólico en la obra sobre Sabonarola, un monje rebelde. “Tenía un monólogo de tres hojas”, comenta sin dejar de sorprenderse.

‘El Pícaro” a los 30’s
La televisión lo esperaba con los brazos abiertos: “Lamentablemente el teatro no te da económicamente lo que te da la TV y el cine”. Lo primero que hizo en la pantalla chica fue un fragmento de teatro universal, “Bodas de sangre”, con Elvira Travesí, Glora Maria y Liz Ureta. “Yo hacía de Leonardo. ¡Tremendo papel! Ja, ahora que recuerdo, para aparentar más talla y ser más imponente me ponía dos camisas y dos pantalones, jajaja”. Por esos años hizo el ciclo de teatro universal para la TV y las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma.
Es entonces que llega el momento del cambio. “Yo me resistía a ser actor cómico”, confiesa. Tanto así que una vez había sido convencido de protagonizar un papel de este tipo y él, ya en el interior de un canal para firmar contrato, hizo la finta y se fue por la parte lateral. “Me estaba escapando”, ríe. Se dieron cuenta y “caballero, firmé”.
Tras un par de programas de este corte, como “Familia” y otros con Pepe Aguilar, llegó la hora del salto a la fama: ‘Risas y salsa’. Ese 1980 cambió la vida de Chuiman para siempre. Tenía 34 años y nadie pensaba que el programa sabatino que se transmitía por Panamericana duraría quince años.
Acaso fue su época de oro al lado de artistas de la talla de Alicia Andrade, Camucha Negrete, Guillermo Rossini, Fernando Farrés, Álex Valle, Rodolfo Carrión ‘Felpudini’, Elmer Alfaro ‘Machucao’, Roxana Ávalos ‘Guardia Serafina’, entre tantos otros. Imposible olvidar los mil y un ‘sketchs’ de Chuiman: ‘El Pícaro’ (Ese “¿Quién soy yo?” que se lo hizo decir –con respuesta “Papá” incluida- hasta a los muchachos de Indochina), ‘El Guachimán Pacheco’, “El narrador de cuentos’ y muchos otros.

’Papá’ a los 40’s
Entrando a los cuarenta años de edad, Adolfo estaba viviendo el éxito de Panamericana. Pero también se dio tiempo para incursionar en otros lares. Por ejemplo, a los 41 (1987) obtuvo –bien merecido– su programa propio, “Quién soy yo, Papá”. ‘Avelino’ vio desfilar por su set desde vedettes hasta cantantes famosos. El papel le valió su debut en el cine con el filme homónimo.
En esa época, América Televisión no se quiso quedar atrás y se ‘jaló’ a varias figuras de “Risas y Salsas”, entre ellos a Chuiman. Fue para participar en “El Enchufe”, pero el programa duró poco y regresó al anterior.
La música –que ya se notaba que le gustaba con las imitaciones de músicos que hacía, como las de Miguel Bosé, John Travolta, Locomía y muchas otras– se metió de lleno en su vida cuando la orquesta Somos Música del Callao lo llamó para que grabe el tema “Yo no me llamo Javier”. Se fue de gira y escaló un peldaño más en su faceta de artista multifacético.

’El rey del recurseo’ a los 50’s
Todo tiene un final, pero para algunos el fin de algo también significa el inicio de muchas otras cosas. Lo fue así para Adolfo. Había superado el medio siglo de vida pero su carrera no estaba en su ocaso: él se estaba reinventando.
En 1996, cumplidos los 50 años, Lucho Llosa lo llamó para la novela “La noche”, en donde trabajó con Diego Bertie, Christian Meier y Alberto Ísola. Como el productor era su amigo, Chuiman le dijo que actuaba en su novela como “un favor” para que luego Llosa lo ponga en una de sus películas. “Pa’ conocer Hollywood… Hasta ahora sigo esperando”, recuerda entre risas.
Llegarían los tiempos de las series, y “Taxista Ra Ra” (1998) sería el puntillazo inicial. Acabado “Risas y salsa”, se puso a ‘taxear’ a los 52 años y, ante el éxito de la serie, deja el taxi por cuanto oficio se le cruzara en “Mil oficios” (2001). ‘Renato Reyes’, más conocido como ‘El rey del recurseo’, era la personificación de muchísimos peruanos.
Es en esta época que Chuiman, acaso valiéndose de su nuevo apelativo, trascendió la actuación y postuló al Congreso por el Frente Popular Agrícola del Perú (Frepap). Ganó, “pero lamentablemente me quitaron la curul”. “Todo fue muy cuestionado en esa época por causa de Montesinos”, dijo en una entrevista hace ya varios años.
Al menos se le abrieron las puertas para una nueva película: “Un marciano llamado deseo”), en donde compartió roles con Christian Meier y César Ritter. “No me gustó. Había leído el guión y no quería participar, pero me convencieron”, se lamenta.

‘Peter’ a los 60’s
Lejos de ser un actor acabado, Chuiman vive actualmente el segundo momento cumbre de su vida artística. Luego de ‘Papá’, ‘Peter Mackey’, el mayordomo de “Al fondo hay sitio”, es lo más celebrado mediáticamente de su carrera artística. Adolfo confiesa que no le tenía mucha fe a la serie cuando le ofrecieron el papel. Ahora se da cuenta de que se equivocó. Lo supo, sobre todo, cuando expulsaron momentáneamente al mayordomo y -en la vida real- varias mamás, acompañadas de sus hijos, llegaron hasta su casa para pedirle “por favor” que “Peter” no se vaya.
Lo confirmó aun más cuando a “Peter” le dispararon y su vida corría peligro. Allí ya no fueron solo los niños los que se le acercaban (“Algunos lloraron dos días seguidos, según me contaron sus papás”), sino también adultos. “Un camionero me dijo: por tu culpa he llorado”.
Ahora intenta hacer algo más por la gente que lo quiere, y totalmente alejado de la ficción. En estas últimas elecciones municipales postuló a teniente alcalde en Punta Negra por Alianza por el Progreso y, aunque su candidato no ganó, él salió elegido. En las últimas semanas él mismo ha dicho que podría declinar, porque “tendría que luchar contra la marea” con el alcalde electo.
Adolfo Chuiman tendrá 64 años, pero ha demostrado más de una vez que es capaz de sorprendernos con otro personaje ocurrente y carismático. Reconoce que a pesar de toda su trayectoria aún lo llaman en la calle con los nombres de los personajes que interpreta. Es decir, le pasan la voz de mil formas. Hasta los mezclan. “Ya pues, ´Papá’, ¿cuándo un clic con ‘Francesca’?”, le gritaron la otra vez.
Es que con tantos personajes y tantas incursiones artísticas que ha tenido estas líneas tranquilamente se podrían extender hasta el infinito. Él medita unos segundos y lo resume así: “Con todo lo que he vivido, por cada libro que hace Jaime Bayly, yo podría hacer una biblioteca”.


Fuente de información: El Comercio
Por Alfredo Espinoza Flores

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